El predio donde se encuentra hoy el edificio de la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA) fue cedido por el Concejo Deliberante de la Municipalidad de Buenos Aires al Ministerio de Marina por un decreto del año 1924, al sólo efecto de que fuera utilizado como centro de instrucción militar. En el mismo decreto se establecía que, ante cualquier cambio en el destino de las instalaciones, el predio debería regresar al poder de la ciudad.
El terreno fue ocupado con varios edificios: La Escuela de Mecánica, la Escuela de Guerra Naval y el Casino de Oficiales.
Durante la última dictadura militar argentina, funcionó en la ESMA un centro clandestino de detención por el que pasaron alrededor de 5000 personas. El Casino de Oficiales , utilizado por el Grupo de Tareas 3.3.2, fue el espacio central de alojamiento y tortura de los secuestrados.
Este edificio posee tres plantas. Allí los detenidos eran alojados en un sector del tercer piso denominado “capucha”, en “capuchita” y en el sótano. En este último lugar se encontraban los detenidos antes de ser “trasladados”.
En el tercer piso se encontraba, también, “La pecera”, donde funcionaban unas pequeñas oficinas, la biblioteca y el archivo y, además, se encontraba “El pañol”, que era utilizado como depósito del botín de los saqueos de las casas de las personas secuestradas.
En el sótano, en el tercer piso, y en “capuchita” existieron habitaciones destinadas a los interrogatorios y a las torturas que aplicaban los miembros de la Marina a los secuestrados.
Al finalizar la dictadura militar, en 1983, el edificio retornó a sus funciones iniciales de instrucción militar.
En 1984 la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) realizó una inspección en el lugar. Gracias al testimonio de algunos sobrevivientes, se reconocieron estos espacios y se probó el destino siniestro que tuvo ese lugar por el que pasaron alrededor de cinco mil personas que hoy continúan desaparecidas.
Dice el informe Nunca Más: “La ESMA no sólo era un centro clandestino de detención donde se aplicaban tormentos, sino que funcionaba como el eje operativo de una compleja organización que incluso, posiblemente pretendió ocultar con el exterminio de sus víctimas los delitos que cometía.”
El 6 de enero de 1998, durante su segunda presidencia, Carlos Menem firmó un decreto que disponía el traslado de las instalaciones de la ESMA a la Base Naval Puerto Belgrano. El mismo decreto destinaba el predio a un espacio verde de uso público donde se emplazaría un “símbolo de la unión nacional”, previa demolición del edificio.

Dicho decreto
motivó el repudio de los
organismos de Derechos Humanos
y de amplios sectores de la sociedad
civil. Asimismo, familiares de
desaparecidos de la ESMA presentaron
ante la justicia una acción
de amparo reclamando la suspensión
de los efectos del decreto 8/98.
El 16 de octubre del mismo año
el juez Federal Ernesto Marinelli
dejó en firme la medida.
Entre sus argumentos menciona
la obligación del Estado
argentino de resguardar el predio
por ser patrimonio cultural y
por tener aún valor probatorio
en los desarrollos judiciales.
Reafirmó que en virtud
de sus obligaciones internacionales,
el Estado es responsable de otorgar
una respuesta sobre el destino
de los desaparecidos a la sociedad
y a los familiares de las víctimas.
En febrero de 2001, la Corte Suprema
de Justicia reafirmó la
inconstitucionalidad del decreto
de Menem.
En forma paralela, el Gobierno de
la Ciudad de Buenos Aires, encabezado
entonces por Fernando De la Rua,
inició una demanda contra
el Poder Ejecutivo Nacional, reclamando
el dominio del predio que ocupa
la ESMA. La ciudad reclamaba la
revocatoria de la cesión,
en virtud de la cláusula
que establecía las actividades
educativas como único destino
posible de las instalaciones.
El Ministro de Defensa de entonces,
Jorge Domínguez, rechazó las gestiones.
A partir de ese momento, se comenzó
a pensar en los usos posibles
para la ESMA. Varios proyectos
fueron presentados por legisladores.
Algunos de ellos tenían
como objetivo salvaguardar el
edificio para el futuro, declarándolo
“monumento histórico”.
Ante la obligación inminente
de devolver el lugar, los altos
mandos castrenses optaron por
mantener el propósito original
para el cual habían recibido
la propiedad. Ya en diciembre
de 1999, el entonces ministro
de Defensa Ricardo López
Murphy adelantó la idea
de instalar un “polo educativo
militar” que incluyera las
escuelas de guerra del Ejército
y la Fuerza Aérea y la
escuela naval. Durante el 2000
hizo explícita su oposición
a convertir en museos o lugares
de estudio y transmisión
de lo ocurrido durante el terrorismo
de Estado a los sitios donde funcionaron
centros clandestinos de detención.
Su sucesor, Horacio Jaunarena,
aunque no se pronunció
sobre el uso del edificio de la
ESMA, reafirmó el aval
a la cúpula militar en
sus intentos de olvidar el pasado.
En junio de 2000, durante la gestión
de Aníbal Ibarra como Jefe
de Gobierno, la Legislatura de
la Ciudad de Buenos Aires aprobó
por unanimidad la ley 392/2000.
En su artículo primero
dispuso revocar la cesión
efectuada al entonces Ministerio
de Marina, con relación
al predio de la Avenida del Libertador
8151-8461. En su artículo
segundo dispuso destinar los edificios
donde funcionó la Escuela
de Mecánica de la Armada
a la instalación del denominado
Museo de la Memoria.
En diciembre de 2002, la Legislatura
de la Ciudad de Buenos Aires aprobó
la ley N°961 que crea el Instituto
Espacio para la Memoria, destinado
“al resguardo y la transmisión
de la memoria e historia de los
hechos ocurridos durante el terrorismo
de Estado de los años ’70
e inicios de los ’80 hasta
la recuperación del estado
de derecho, así como los
antecedentes, etapas posteriores
y consecuencias”. En su
artículo décimo,
la ley dice que el instituto tendrá
su sede definitiva en el predio
de la Esma. La ley fue reglamentada
por el decreto N°835 y los
organismos de derechos humanos
designaron sus representantes
en el año 2003. Aún
no han sido designados los representantes
de la Legislatura y los del Poder
Ejecutivo de la ciudad.
A partir de las gestiones del
presidente Kirchner se acordó,
en primer término, la restitución
del predio el 31 de diciembre
de 2004, y en segundo término,
la creación de un “Espacio
para la Memoria y la Promoción
y defensa de los Derechos Humanos”
en el lugar. Para este fin, Aníbal
Ibarra y Néstor Kirchner
firmaron un convenio por el que
se comprometen a trabajar conjuntamente.
El convenio debe ser aún
refrendado por la Legislatura
porteña.
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