La calle, el principal espacio urbano donde la vida cotidiana transcurre, fue testigo y escenario de persecuciones y desapariciones durante el terrorismo de Estado. El espacio público, sin embargo, no fue el único signado por el terror. Edificios y casas particulares, fábricas y colegios, así como también instituciones militares y comisarías dieron el marco donde se reprodujo el sistema de represión ilegal implementado por el propio Estado.

La siguiente publicación transcribe las ponencias presentadas en las Jornadas de “Arquitectura y Memoria” organizadas por Memoria Abierta en 2009. Los textos se articulan alrededor de tres ejes que reflexionan sobre los usos posibles de los espacios, tomando en cuenta la inquietante relación que guardan los lugares con las memorias de quienes por allí pasaron y con las de la sociedad en su conjunto: “Memoria y ciudad: la transformación de los espacios urbanos”; “Monumentos: una forma de memorialización en la ciudad”; y “Experiencias de tratamiento de los espacios en sitios recuperados”.

Desde una baldosa hasta un centro clandestino o un museo, estos espacios presentan una realidad dinámica y compleja que está íntimamente ligada a los procesos de verdad y justicia. Cada uno cumple simultáneamente una función testimonial, de lugar de homenaje y reparación a las víctimas, así como también de memoria y transmisión a las nuevas generaciones. Por esta y muchas otras razones, la arquitectura no está ajena a estos hechos que han marcado nuestro pasado y aun lo hacen en el presente. Indudablemente tiene un rol que debemos esforzarnos en definir.

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