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Ciudadanos y ciudadanas,
Memoria Abierta, representando la voluntad de cinco organizaciones de derechos humanos, quiere manifestar su acuerdo y su satisfacción ante la iniciativa de declarar “sitio histórico” a la Iglesia de la Santa Cruz.
Destacamos la importancia de esta declaración, porque es frecuente que dentro de las políticas actuales de señalamiento de algunos lugares claves de nuestra historia reciente, se destaquen primordialmente los lugares de represión, por la impronta trágica que llevan consigo. Somos concientes de que es una necesidad hacerlo, pero creemos que destacar sitios como el que nos convoca, la Iglesia de la Santa Cruz, aporta otra dimensión para comprender un proceso complejo.
Al momento de pensar qué políticas de memoria serán adecuadas para unir nuestro pasado con un tiempo futuro, debemos reparar no sólo en los espacios en los que operó la estrategia del estado terrorista, sino también en los lugares clave donde se desarrolló la lucha contra ella. Esa lucha, de la cual las madres se han convertido en ícono y estandarte, ha sido la fuerza motriz de la búsqueda de justicia y verdad que todavía hoy sigue adelante.
Señalar estos espacios significa pensar nuestra ciudad a través de la historia como un escenario donde voces distintas se hacen oír; un espacio dinámico poblado por sujetos activos. Si marcásemos únicamente los espacios de represión, estaríamos perdiendo la oportunidad de mostrar la voz que peleó por la democracia y el libre ejercicio de la ciudadanía. Queremos pensar nuestra ciudad como un mensaje a través del tiempo, y que ese mensaje contenga en sí mismo un impulso a la construcción de un futuro donde la convivencia democrática, la solidaridad y el respeto de los derechos humanos sean prioritarios.
Durante los años de la dictadura, muchos espacios cerraron sus puertas por miedo o por indiferencia. Pero hubo también instituciones y personas que albergaron y acompañaron solidariamente aquellas voces de denuncia. La Iglesia de la Santa Cruz, emblema de la Iglesia fiel y acogedora fue una de ellas, y hoy es depositaria de la memoria de los primeros años de existencia de las Madres de Plaza de Mayo.
Esta Iglesia y la comunidad que en ella trabaja, entiende la solidaridad de un modo amplio, como una puerta necesariamente abierta a la comunidad, como un compromiso con la sociedad y con la lucha por el respeto a los derechos de cada persona. Con cumplimiento del mandato del evangelio de solidaridad con los que sufren albergó a las madres en la búsqueda de sus hijos. Bajo esa misma premisa hoy cobija a los restos de quienes allí fueron secuestradas. Que las madres descansen hoy allí se debe no solamente a que ese fue el lugar desde donde se las llevaron, sino fundamentalmente porque fue el que eligieron para reunirse.
Queremos que los años venideros guarden esta historia para volver a contarla, con su lado triste y también como una historia de valentía y de solidaridad. En la Iglesia de Santa Cruz pasaron cosas importantes. Es nuestro deber y nuestra posibilidad transformarlas en testimonio para el futuro.
Patricia Valdez
Buenos Aires, 7 de agosto de 2007.
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