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Discurso del Ministro de Relaciones Exteriores de Chile Alejandro Foxley

El 8 de noviembre de 2007 se inauguró una placa en homenaje al rol de la embajada argentina en Chile durante la dictadura pinochetista.

Tras el golpe que derrocó a Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973, la embajada argentina brindó asilo político a chilenos y residentes de otras nacionalidades cuyas vidas corrían peligro.

A continuación presentamos las palabras pronunciadas por el Ministro Alejandro Foxley durante el acto.


Santiago, 8 de Noviembre de 2007

Señor Presidente de la República Argentina, Señora Presidenta Electa, Señores Embajadores, autoridades presentes, funcionarias y funcionarios de la Embajada de la República Argentina, señoras y señores

La primera palabra que quiero pronunciar hoy aquí, en representación del Gobierno y el pueblo de Chile, es gracias.

Gracias, especialmente, por los más de doscientos cincuenta chilenos que recibieron asilo en la Embajada de Argentina en Chile durante los oscuros días del golpe militar de septiembre de 1973.

La historia de nuestra relación es de larga data. Nuestras naciones han recorrido juntas el camino del desarrollo. Pero también hemos compartido momentos obscuros de nuestra historia y también la esperanza de gestos como el que celebramos hoy.

Hemos puesto nuestro mayor esfuerzo en potenciar la comunidad de objetivos, principios y valores de que somos parte: la promoción y defensa de la democracia de la paz y de los derechos humanos.

Estas coincidencias constituyen un importante capital político para nuestra relación, pero carecerían por completo de valor si en ella no involucramos nuestros afectos, si en nuestro quehacer no ofrecemos el corazón, si no somos capaces de ponernos en el lugar del otro.

Por eso es que nos honra unirnos al homenaje organizado por la Embajada de la República Argentina para recordar muy especialmente a los argentinos y a los chilenos que dieron testimonio vivo de la amistad de nuestros pueblos, y registrar en las bitácoras de nuestra relación bilateral el profundo agradecimiento de los chilenos hacia este pueblo hermano, amigo, que nos tendió una mano en momentos difíciles de nuestra historia.

La placa que hoy se devela es una contribución potente a nuestra memoria colectiva. Se trata de un aporte realizado no sólo por las autoridades que impartieron las instrucciones desde Buenos Aires, sino también los funcionarios valientes que se atrevieron, en muy adversas circunstancias políticas, a poner los derechos humanos y el respeto a la vida por delante del miedo.

Durante el régimen militar el pueblo chileno vivió la sistemática y masiva violación de sus más básicos derechos humanos. Las estadísticas oficiales señalan que casi tres mil personas fueron ejecutadas, desaparecidas, o murieron como consecuencia de tortura y otros tipos de violencia política en Chile entre 1973 y 1990.
En esa difícil encrucijada, la Embajada de la República Argentina en Chile abrió sus puertas, tras recibir órdenes precisas de la Cancillería de su país sobre el otorgamiento de asilo.

El número de asilados finalmente superaría los 800 en 1974, entre chilenos, argentinos y extranjeros de diversas nacionalidades.

Algunos meses después del golpe militar los funcionarios diplomáticos de la Embajada Argentina que otorgaron los salvoconductos fueron trasladados de regreso a Buenos Aires, pero ni los chilenos ni los extranjeros que se beneficiaron de su actuación olvidarán jamás que apelando a las normas del Derecho de Asilo, en actitud valiente y generosa, preservaron la vida y la libertad de tantos seres humanos.

Señor Presidente, Señora Presidenta Electa, queridos amigos.

Recuperar para la memoria de argentinos y chilenos aquellos pasajes cruciales de nuestra historia -como el que hoy nos convoca- nos ayudará no sólo a enfrentar mejor los desafíos que tenemos por delante, sino también a resignificar nuestra relación asumiendo con más fuerza aún el destino común de nuestros pueblos. La vida, la paz y el respeto por los derechos humanos son elementos inalienables de nuestro quehacer futuro.

Por eso, nuevamente, muchas gracias.

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