La última dictadura militar (1976-1983) puso en marcha un plan de represión hacia quienes enarbolaban ideales de cambio estructural y se movilizaron en los años 60 y 70 confrontando con el modelo de sociedad de entonces. Algunas características de ese plan ya habían sido ensayadas por anteriores gobiernos de facto; y sus rasgos distintivos más violentos y perversos fueron anticipados por las bandas paramilitares surgidas al amparo del gobierno constitucional que la precedió.

El proyecto represivo rebasó con creces sus objetivos aparentes y abarcando todos los ámbitos y dinámicas de la vida nacional se convirtió en una guerra contra la sociedad argentina, que no había experimentado antes una agresión de esa magnitud. La dictadura presentó múltiples características, entre las que se destacan dos: la actuación conjunta de las élites dominantes militares, políticas, económicas y religiosas; y el intento de configurar un modelo de sociedad distinta. Los instrumentos utilizados fueron también diversos, desde la siniestra modalidad de la desaparición forzada de personas y la apropiación de sus hijos, aún de los bebés nacidos mientras sus madres estaban cautivas, el asesinato sistemático y el ocultamiento de los cuerpos, la anulación de todos los canales de participación institucional y social, la instalación de la sospecha y el miedo generalizados, la censura de distintas manifestaciones culturales e incluso, el intento de modificar o proscribir teorías científicas de validez universal.

Las irrupciones castrenses periódicas en la vida política argentina, la represión a los dirigentes obreros comprometidos con los derechos de los trabajadores y a los estudiantes y profesores universitarios -para mencionar algunos de los sectores más agredidos- cercenaron los intentos de participación democrática y los sueños emancipatorios de sucesivas generaciones de jóvenes. Este proceso continuo de dictaduras, alcanzó su paroxismo en la última. Por eso ha dejado huellas profundas en las personas, en las instituciones y en los comportamientos sociales y políticos y produce una nueva mirada sobre el fenómeno de las dictaduras. Desde la tragedia de esta última se observa que las anteriores fueron prolegómenos siniestros. Desde allí la irrupción militar pasó a ser vista no como una anomalía en la vida republicana y democrática, sino como algo inadmisible y repudiable de modo absoluto. Por eso también su final y la reapertura democrática fueron inéditas: una guerra -Malvinas-, una comisión especial de investigación -la CONADEP-, el juicio a las tres Juntas Militares y el posterior camino tortuoso que lleva casi tres décadas para seguir buscando la verdad y ver actuar a la justicia.

La impronta de la dictadura sobrevuela y es ineludible. Aún cuando por momentos su omnipresencia pareciera el resultado de la exageración, es importante observar el modo en que impregnó la vida social y cultural. Un elemento de esa totalidad como es el cine se hace eco de la masividad de la intervención militar, del estupor social ante los acontecimientos, del drama y la tragedia de la dictadura. A través de los géneros más diversos, el cine se refiere a la presencia, las propuestas y las acciones de la dictadura militar y a su relación con las personas, las familias, los grupos sociales y con la sociedad en su conjunto.

Para manifestarse y construirse como arte, el cine recoge elementos del trauma personal y social, del drama institucional y político, que pasan entonces a constituir contenidos de la memoria y de la cultura colectiva de una sociedad. Los argentinos también nos explicamos lo que pasó y basamos una parte de nuestro conocimiento de los hechos en esos films donde el material de época, la alegoría y la ficción se entremezclan, y así mixturados, nos ofrecen perspectivas, versiones y representaciones de ese tiempo reciente.

Memoria Abierta organiza su trabajo en torno a la identificación, ordenamiento, producción y catalogación de documentos de variada naturaleza (escritos, imágenes, testimonios, material audiovisual, audio, dibujos, planos, objetos) con los que generamos un acervo abierto a la consulta del público. La elaboración de materiales para la educación, el diseño de exhibiciones y la formación de guías jóvenes para recorrerlas, la asesoría a dependencias del Poder Judicial y la propuesta de líneas de políticas públicas que contribuyan a proteger los avances conseguidos en materia de verdad, de justicia y de memoria como caminos para la reparación del daño individual y social que produjo el terrorismo de Estado, son algunas de nuestras tareas cotidianas.

La reflexión a partir de esos documentos y los trabajos de pensar, acompañar y asesorar múltiples iniciativas de memorialización en nuestro país y en la región latinoamericana nos impulsa a buscar formas siempre nuevas de poner contenidos a disposición de los múltiples actores que trabajan por la memoria. Nuestra propia tarea de emprendedores de memoria es una fuente constante de inspiración para identificar soportes y vehículos que aseguren la transmisión siempre significativa para pensar el presente y para reflexionar sobre las motivaciones y los efectos que la violencia tuvo entre nosotros.

En ese marco, el cine es un lenguaje y un vehículo de transmisión privilegiado. Y por eso este catálogo -La Dictadura en el Cine- que tiene el propósito de ofrecer a un público múltiple el acceso a la información sobre más de 440 películas que abordan la dictadura a manera de un prisma. No imaginamos que la elaboración del catálogo en los últimos dieciséis meses, nos pondría en contacto con un número tan elevado de films ni con la riqueza temática y la multiplicidad de abordajes que encontramos y que hacen parte de su contenido.

La investigación fue minuciosa y hubo que lidiar con la dificultad que surge de la debilidad casi genética de nuestro país para cuidar el patrimonio cultural y establecer normas que regulen -en este caso- la circulación del material y su acceso. Como hemos enunciado en otros momentos de nuestra vida institucional, todavía en Argentina los archivos están postergados cuando ellos resultan indispensables tanto como garantes de derechos ciudadanos, como para nutrir la investigación, la educación y el trabajo cultural en sus sentidos más abarcativos.

En el proceso de realización de este catálogo localizamos dos hallazgos que ahora forman parte de este registro: "Estoy herido" Ataque! (1977) y Frihetens murar / Murallas de la libertad (Marianne Ahrne, 1978). Durante muchos años estas películas no pudieron ser vistas. Se sabía de su existencia pero se les había perdido el rastro. Memoria Abierta logró conseguir una copia de las mismas y hoy están disponibles para la consulta pública en nuestra sede. Somos absolutamente conscientes de que el catálogo es de algún modo un trabajo que se consolida en la medida en que crece y puede actualizarse en el futuro. También, que probablemente no habremos alcanzado el universo completo de la filmografía producida. Pero hemos pensado y debatido el ordenamiento conceptual de su contenido desde la contribución de varias disciplinas y realizamos esfuerzos enormes por encontrar cada una de las copias que ahora forman parte del archivo audiovisual de Memoria Abierta y que constituyeron la fuente primaria para la investigación. Confiamos en que este resultado que presentamos sea una nueva pieza para trabajar con la memoria y cumpla el objetivo de brindar acceso más amplio a todos aquellos que se proponen conocer, investigar y educar a través del cine o estudiar el cine.

Cuando Memoria Abierta cumple diez años de vida institucional, una vez más nos alegramos por haber recibido el apoyo y la colaboración de muchas personas e instituciones, en este caso vinculadas al quehacer cinematográfico, a los archivos audiovisuales y al estudio académico del cine. Les agradecemos su disposición para compartir con nosotros sus trabajos sobre este tema y sus películas.

Gracias muy especialmente a Gonzalo Aguilar, Ana Amado, David Blaustein, Andrés Di Tella, Claudia Feld y Mariano Mestman. Ellos compartieron su mirada experta y formularon agudos señalamientos en nuestras discusiones que nos ayudaron a pensar aspectos centrales de este proyecto.

Para desarrollar el catálogo Memoria Abierta recibió el apoyo del Reino de los Países Bajos a través de su embajada en la República Argentina. A ellos una vez más nuestro reconocimiento por la confianza que depositaron en nosotros, por su generosidad y por el compromiso con los derechos humanos y con la memoria en nuestro país.

Buenos Aires, mayo de 2011

Para elaborar este catálogo hemos revisado material bibliográfico (catálogos del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales y de numerosos festivales de cine, libros, notas periodísticas y revistas especializadas) y archivos y fuentes de datos audiovisuales de diferentes organismos e instituciones (bibliotecas, museos, universidades, escuelas de cine, filmotecas y productoras). Asimismo, resultó particularmente importante el haber contado con el relevamiento de documentales testimoniales sobre la dictadura producidos entre los años 1983 y 2002, que realizó Lorena Moriconi en el marco de una beca de la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad de Buenos Aires.

La Dictadura en el Cine incluye películas producidas desde 1976 hasta el presente que abordan la última dictadura, el terrorismo de Estado y la transición democrática en la Argentina. Hemos incluido films que tratan determinados acontecimientos clave en el contexto previo al período dictatorial, cuando se realizaron con posterioridad a 1976, asumiendo la idea de que cualquier mirada retrospectiva está atravesada por lo ocurrido durante los años de la dictadura. Consideramos como punto límite de esa mirada retrospectiva el año 1969, cuando una serie de amplias movilizaciones sociales en distintos lugares del país señalaron la emergencia de nuevas formas de participación política sobre las que se desplegó un esquema represivo que alcanzó su punto más alto a partir del golpe de 1976.

Los títulos considerados son aquellos largometrajes y mediometrajes estrenados comercialmente o que han circulado en festivales o en ciclos de cine; no así el material audiovisual de corte educativo o institucional ni tampoco las producciones realizadas para la televisión, salvo las que se presentaron además en circuitos cinematográficos. En el caso de los cortometrajes, sólo hemos incorporado ejemplos puntuales a modo de anticipo de un trabajo que esperamos poder completar en el futuro. Avanzando en esa dirección decidimos poner a disposición el listado completo de cortometrajes relevados hasta el momento.

Los datos de las fichas técnicas de las películas del catálogo fueron tomados de los títulos de créditos de los films en los casos en los que contamos con una copia o pudimos a acceder a éstos en la web. La información del resto de las películas fue obtenida de las fuentes bibliográficas aludidas.

Cada uno de los films está acompañado por su respectiva sinopsis. Las que no llevan firma fueron escritas por Memoria Abierta. Cuando esto no es así, se menciona la fuente correspondiente. Para la redacción de las mismas, elegimos destacar, junto al argumento, la relación de la película con la dictadura. Esta misma pauta guió la selección de imágenes en el caso de aquellos films a los que pudimos tener acceso. Cuando fue posible decidir entre varias imágenes, no elegimos las más difundidas sino las que hacen referencia al período dictatorial.

La información contenida en La Dictadura en el Cine está organizada según tres grandes criterios, cronológico, alfabético y temático, que posibilitan diferentes formas de entrada al material. Las líneas temáticas fueron surgiendo de las propias películas que, con sus recurrencias y reiteraciones, dieron consistencia a los distintos tópicos propuestos.

Los títulos aparecen catalogados como documental, ficción, experimental y documental-ficción. Esta última categoría designa aquellos films que trabajan con recursos y procedimientos de ambos géneros, una operación cada vez más frecuente en el cine de los últimos tiempos, muy presente además en las discusiones actuales de la crítica contemporánea.

Esperamos que este catálogo contribuya a reconocer en el cine uno de los modos que tiene nuestra sociedad para pensarse a sí misma, a su tiempo y a su historia.